Relato de terror en castellano : «perdida»

Te recomiendo que prestes atención con el siguiente relato de terror en castellano, sin quererlo te será inevitable no ponerte en los zapatos del protagonista de este relato de terror. Apaga la luz, cierra tu puerta y acomódate, pues el siguiente relato de terror no te dejará indiferente. Comencemos.
RELATO DE TERROR A MODO DE STORY TELLING

Pérdida

Al contar esta historia lo primero que llega a mi cabeza es la cantidad de gente enferma que llegaba a la clínica de Brujas donde yo trabajaba. Al igual que al personal médico como de limpieza del hospital se le indicó seguir los protocolos de seguridad para no enfermarse. Conforme pasaban los días y los contagios aumentaban, la gente empezó a llegar masivamente, al principio adolecidos por síntomas comunes pero después su situación se agravaba tanto que acaban muriendo por paros respiratorios o por consecuencias derivadas de la enfermedad.

Tal fue la situación en el hospital que se agotaron las camas y los habitáculos especializados en los que se dejaban los cadáveres. Se tomó la decisión de usar áreas comunes del hospital para dejar los mismos, como salas de juntas o comedores utilizados para acomodar a los fallecidos. A pesar de existir un procedimiento con la manera de tratar estos cuerpos el hospital se negaba a llevarlo a cabo por saturación de trabajo y para intentar impedir más contagios en el lugar, debido a esto se decantaron por usar su propio crematorio.

A pesar de esta situación, cuando las cosas eran relativamente normales, nunca había pasado nada extraño que hiciera sonar las alarmas. Cualquier trabajador del centro, tanto personal sanitario como administrativo, nunca ha alegado vivir experiencias paranormales en este lugar, obviamente en un trabajo así hay días mejores y peores pero nunca nadie presenció un suceso terrorífico en la clínica.

Comienzo del terror

La cosa no tardó en cambiar, pues a raíz de esta situación no era infrecuente oír hablar por los pasillos a enfermeras sobre supuestos relatos de terror a cerca de encuentros en los pasillos, o a enfermos contando leyendas de terror sobre supuestas apariciones de personas que venían a visitarlos por cualquier motivo.

Pero a mi nunca me había pasado nada extraño trabajando en el hospital, hasta aquél día en la sala de juntas. Me acuerdo perfectamente de ese lunes, llevaba muchas horas trabajadas sin descanso, mi cuerpo respondía en automático, la tensión de mis brazos y hombros apenas me dejaba mover los utensilios fácilmente. Cuando pasaba por el pasillo central me percaté, como en los días anteriores, que los camilleros no daban de sí trasportando los cuerpos a la sala de juntas, la sala que se había adecuado para tal fin.

Era espantoso ver aquellos cuerpos en bolsas negras apiladas en el piso y en las mesas, todo aquello era deprimente a la par que escalofriante, parecía estar viviendo en un continuo relato de terror. Ya había fallecido algún compañero del personal sanitario por lo mismo y como todo el mundo en aquél entorno, no era raro conocer a algún amigo o familiar en mismas situaciones. Sin embargo, yo me había salvado de contagiarme aunque todos los días me iba a mi casa dándole vueltas a este tema sin parar, quizás de ahí la tensión de mi cuerpo, no lo sé.

Los ruidos

Llegó el punto de cansancio en el que me quedé mirando a una lámpara del techo hasta que mis ojos se iban cerrando poco a poco, de no haber sido por un ruido extraño que me puso alerta me hubiera quedado dormido definitivamente apoyado en el trapeador. Al prestar atención te das cuenta de la densidad del clima y del ligero zumbido de algunas lámparas. Mi piel estaba erizada todo el tiempo y tenía entumidas las manos. Pero de inmediato volví al trabajo y en menos de lo que me dio tiempo a analizar la situación volvió a escucharse ese ruido. Pero esta vez se escucho más claro que el anterior, noté que eran los sollozos de alguien que estaba afligido. Lo primero que pensé es que sería algún camillero o enfermo llorando en algún lugar cercano, pues no era extraño que sucediera.

Continué con mi labor pero mientras pasaba el trapeador por el pasillo los llantos eran más nítidos y constantes, por lo que dejé lo que estaba haciendo para encontrar el remitente de esos sollozos para intentar ayudarlo. El ruido venía de la sala de juntas dónde estaban los cadáveres, tuve que encender las lámparas para escuchar mejor y entonces volví a escucharlo, eran llantos de eso no cabe duda así que me puse a buscarlos por la habitación con la dificultad de ir esquivando lentamente los cuerpos.

¿HAY ALGUIÉN AHÍ?

Pregunté, sin embargo no obtuve respuesta, pero al rodear unas mesas me encontré con una persona agachada y encogidas atrás de las mismas. Era un paciente porque llevaba las ropas que se les ponen a los mismos cuando se les interna. Más en concreto era una mujer de cabellos largos con las manos en el rostro y que lloraba desconsolada. No sé lo que me sorprendió más, ver aquella paciente allí o que no llevase ninguna protección (no portaba el cubrebocas ni ningún otro utensilio que evitara su contagio).

Mi primera reacción fue preguntarle que hacía allí pues era un lugar prohibido para los pacientes, estaba muy lejos del área de internos así que no me explicaba como había llegado hasta allí. Como ya dije, no soy una persona supersticiosa o creyente como para imaginar que era ningún espíritu, y menos cuando empezó a hablarme.

Por favor ayúdame, estoy perdida.

Quiero irme a casa por favor.

-Decía la mujer entre llantos y lágrimas.

Sin pensar fui a por ella tomándola del brazo, estaba helada y muy tensa. Noté que era una mujer madura, descalza y que la bata del hospital del hospital apenas la cubría. Me dirigí con ella hasta el ascensor indicándole que subiera al piso primero para que fuera atendida por las enfermeras, era peligroso que estuviera aquí si no estaba aún enferma. El rostro de la mujer era angustioso y pálido y jamás pude pensar que fuera el de un espíritu o fantasma, sobre todo por que la pude tocar, ver y hablar con ella.

El post-encuentro

El encuentro con la mujer me había quitado el sueño por lo que regresé a mis labores, faltaba poco para acabar el turno y marcharme a mi casa si es que me iban a dejar ir. Cuando terminé de trapear y de levantar la basura de los cubículos llegaron otros camilleros con un par de cuerpos, estaban metidos en bolsas para llevarlos a la sal de juntas. No había terminado de acomodar al primer cuerpo cuando uno de los camilleros me grita;

¿Qué fue lo que estuviste haciendo? ¿Por qué está esto así? -Preguntó enérgico e impaciente.

Mientras me estaba reclamando noté que una de las bolsas estaba abierta. Mi sorpresa fue mayúscula al ver que dentro de la bolsa estaba aquél rostro de la mujer que había visto minutos antes, sus ojos estaban abiertos y reflejaban sufrimiento y tristeza.

En ese momento no pude evitar salir de allí sin dar mayores explicaciones a mi compañero el cuál seguía reclamándome. Mi corazón latía fuertemente cuando cogí el ascensor y les juro que en cierto momento la luces ubicadas en el techo del ascensor se iban apagando hasta reflejar poco a poco la presencia de dicha mujer. No puedo explicar que vi o porqué la vi de esta manera, pero después de este acontecimiento solo tenía ganas de irme corriendo de ese sitio, sobre todo por el miedo que tenía de que se me apareciera otra vez ella u otro fallecido.

Me dirigí a por mis cosas y me marché del hospital sin rendir cuentas a nadie, la puerta estaba abarrotada de gente esperando para poder ver a sus familiares y de futuros pacientes del hospital. No quise mirar más, pues imaginaba que me iba a encontrar con el rostro de la mujer muerta entre la multitud mirándome fijamente.

Después de ese día evitaba constantemente quedarme solo trabajando, así como limpiar el pasillo de la sala de juntas, simplemente intentaba escaquearme por que seguía aterrorizado.

El testimonio de mi compañera

Al contar mi historia con las compañeras todas coincidieron en ver algo pero una de ellas, la que trabajaba por más tiempo en el hospital, dijo algo que me dejó pensando.

No es raro ver ánimas en los pasillos, con esto que está pasando mucha gente se va sin cumplir su tiempo y por esa razón se sienten perdidos. Debemos orar mucho por ellos.

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