LEYENDAS DE TERROR MEXICANAS

Hoy vamos a contarles tres leyendas de terror mexicanas, Sudamérica. Este país por muy fascinante que sea, que lo es, almacena una inmensidad de leyendas urbanas terroríficas que seguro no te dejarán dormir a pierna suelta.

⚠️AVISO⚠️
Los lugares que aparecen en estas leyendas de horror son los verdaderos, no se han modificado las historias lo que las hace mucho más temibles

Estas son las LEYENDAS DE TERROR ocurridas en México que te harán ponerte en la primera persona del protagonista, ¡ah! Y un último aviso, apaga las luces de tu cuarto, concéntrate y no despegues la vista tu puerta.

Para ponerte en situación, he de avisarte que las siguientes leyendas de terror situadas en México se tratan de historias aportadas por terceros, los cuales nos cuentan sus experiencias ¡VAMOS CON ELLO!

EL MANIQUÍ. La leyenda de terror mexicana

  • Edad recomendada: + 12 años
  • Género: Leyendas de terror mexicanas
  • Autor: Sin especificar

Permítanme contarles que el año pasado estuve un año de intercambio en la UNAM (Universidad Autónoma de México), fue una gran experiencia para mí. No conocía la ciudad de hecho, y fue hasta entonces que pude sorprenderme de todo lo que uno se encuentra en ella. De la Ciudad de México conocí incluso su lado oscuro, su lado paranormal.

Yo vivía ese tiempo a unos 20 minutos del campus de la universidad en el sur, pero Tania (una chica de intercambio que me gustaba) vivía en unos apartamentos viejos en la calle Morelos, casi llegando a paso de la reforma. Muy cerca del famoso Café La Habana, dónde nos encontramos varias veces y dónde me esperaba conquistarla. La primera vez que nos vimos allí fue en la noche, pero después de eso todos nuestros encuentros muy tempranos porque ocurrió algo que me hizo no querer volver a caminar por esa zona una vez que oscurecía.

El café La Habana, en la esquina de Bucareli y Morelos, hacia 1980 |  Lugares magicos de mexico, Fotos de mexico, Historia de mexico
Cafe la Habana, leyenda de terror mexicana

Aquella primera ocasión tomamos un café para acabar acompañándola a su departamento, el cual compartía con demasiadas personas, todas ellas inquilinas temporales y estudiantes intercambio pasando el tiempo estudiando en la Ciudad de México. Así que en lugar de subirnos quedamos en la calle hablando por horas, una calle demasiado tranquila al menos. Se acabo haciendo tarde y me dijo que me tenía que ir, corrí el riesgo de perderme el último viaje del metro, así que le di un abrazo y me despedí. Ya me había dicho que vivía cerca de una estación, así que lo único importante era encontrar la parada dónde llegara, hasta me dio indicaciones para encontrarlo pero yo no paraba de pensar en ella y lo linda que era, por lo que me distraje.

Iba caminando con una gran sonrisa en la boca, emocionado. Entonces saqué mi teléfono para ahora sí, buscar aquella estación, pero mi maldito celular estaba sin batería desde quién sabe cuánto, estaba en problemas si no encontraba la estación pronto. Quién haya pasado por esas calles sabe que no son muy agradables sobre todo a esas horas. Hay un ambiente hostil e inhóspito, sobre todo para gente de fuera como yo. Sin ubicarme di algunas vueltas y llegué a una calle bastante solitaria y fea, pero no fea por sus casas sino porque se sentía en ella una soledad terrible que calaba.

Por qué se queda sin batería mi móvil antes de llegar al 0%?

Para mi alivio noté una figura en la siguiente esquina, iluminada por las luces de un negocio. La mala graduación de mis gafas me empezó a jugar una mala pasada, no veía la figura completamente nítida, no sabía si era una persona, un árbol o un anuncio. Igualmente di unos pasos más para comprobar que era, y sí, parecía ser una persona pero estaba demasiado quieta, por un momento m e pregunté si era una estatua pero no tenía sentido que estuviera colocada allí.

¿Qué haría alguien quieto como una estatua mirando donde yo estaba? Me di media vuelta y empecé a andar rápido, tenía poco tiempo para encontrar la estación y ya estaba nervioso de verdad. Cuando trotaba notaba el sonido de unos pasos dobles, como si alguien corriera detrás de mí. Me paré en seco y los pasos dejaron de sonar, quizás fuera el eco pensé, me hubiera convencido de que era eso y no alguien más que me estaba siguiendo, me di la vuelta y la calle todavía era más oscura pero entonces creí ver en la oscuridad aquella extraña figura la cual estaba todavía más cerca.

Llegué de nuevo a la calle donde estaba el Café la Habana, pregunté a un señor que me dio a unas indicaciones. Sin saber si quiera si me mentía o no, tuve que hacer caso de su indicación. Siguiendo la avenida llegué a una calle lúgubre en la que se encontraban un montón de chicos de un aspecto horrible, era más que evidente que eran drogadictos callejeros. Fue una escena triste y la verdad que fue aterradora a la vez, pero ellos apenas me pusieron algo de atención, entonces se escucharon unas pisadas fuertes como si un chico estuviese corriendo por atrás, los demás chicos abrieron los ojos, se levantaron y sin decir nada todos ellos salieron corriendo dejando vacía la calle.

Soñar que caminas por una calle oscura: ¿no tienes miedo?

Cuando pasaron por mi lado estaba seguro que se dirigían a mí y que estaba a punto de sufrir las consecuencias, pero no, huían. Estaban huyendo del lugar, pero no había policías ni el más mínimo sonido alrededor. No vi nada, pero ¿era seguro seguir allí?

Pensé en que tenía que encontrar un taxi que me acercará hasta mi casa lo más cercano posible a esta hasta que me quedase sin pesos, el resto del camino lo haría andando pero en una zona que conocía más que esta. De pronto volví a ver a esa figura quieta anterior en la esquina, estaba quieta y parada por dónde yo tenía que pasar. Crucé la calle mientras pensaba si era ello lo que había asustado a los chicos.

Conforme me acercaba pero del otro lado de la acera, menos quería voltear a ver, me concentraba en los pasos que iba dando, me daba miedo hasta levantar la mirada y darme cuenta que me seguía. La figura gracias a dios se quedo en su lado de la acera, en su esquina, pero algo me hizo ver que esa figura era un maniquí como salido de una tienda de trajes antiguos y que seguía mirando como del lado en el que yo me acercaba a él. Tuve miedo de que en ese momento se volteara a mí. Empecé a correr desesperado ya, el letrero del metro apareció en la avenida como una salvación, apenas llegué para coger el último viaje y mientras avanzaba hacia mi casa me reía de mi mismo, convenciéndome de que mi miedo me había causado alucinaciones.

Pasaron los días de la semana normales, hasta que llegó esa fiesta en el Centro Histórico, conde me atreví a contar esta historia. Resultó que no era el único que me había encontrado con eso, más personas como yo lo habían visto, no estaba tan loco al fin y al cabo. Esta cosa no era la única leyenda urbana de terror que ronda esas calles de noche, las calles cercanas al Centro Histórico de la ciudad de México.

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Pasaron semanas después luego de que no le había comentado ese incidente ni a ella ni a nadie más. Pasé por ella y nos dirigimos a otra fiesta, fuimos al departamento de un amigo que para mi sorpresa era sumamente lujoso y también ubicado por esas calles antes comentadas. Con el calor del alcohol comenzamos a hablar todos nosotros de buen rollo, alguien sugirió el hablar de alguna leyenda mexicana de terror como por ejemplo la del extraño que iba preguntando la hora a viandantes, hora en la que aquellos que le respondían ya sabían la hora en que iban a morir, no sé si me entiendes.

Pero son al fin y al cabo leyendas mexicanas de terror antiguas, hay otras tantas que existen hoy y que van más allá de leyendas urbanas de miedo de las que la gente habla pero no salen de allí. Son las que cuentan aquellos vendedores que salen tarde del trabajo y que se ven obligados a pasar por estas calles a deshora. Entonces me atreví a contar mi historia, mientras lo hacía mi amigo Alan no paraba de asentir, pues ellos ya habían escuchado historias similares a la mía. Es una de estas leyendas urbanas de México que están ahora ahí afuera, en este mismo momento esperando asustar a algún incauto.

Algunos de mis amigos de esa noche, sobre todo Alan, comenzaron a contar leyendas de terror que supuestamente les habían ocurrido o habían vivido, otras eran meras suposiciones o leyendas contadas de generación en generación. Entonces, en un determinado momento, Alan desapareció para terminar regresando con el Guardia del Edificio que custodiaba la comunidad de vecinos, dijo el señor que se iría pronto pues tenía labores, pero que tras la insistencia de Alan estaba dispuesto a contar su leyenda de miedo mexicana.

El guardia nos saludó, y nos preguntó si habíamos caminado por el Centro De la Ciudad de México de noche. Si habíamos notado la cantidad de personas de calle que lo habitan que parecen pasar desapercibidos durante el día pero por la noche son los reyes de las calles mexicanas. Todos asentimos, todos los habíamos visto. Continuo; hay algo más, es algo, una criatura, a veces es una mujer y otras un hombre que se sitúa en las calles más solitarias y que ha atemorizado a varios mendigos, borrachos y turistas pero de vez en cuando nos toca a nosotros.

El propio Guardia se encontró con ese ser hace años al volver del metro, también de madrugada y a escasas horas de amanecer, al dar vuelta en una calle vacía vio a lo lejos a un señor tirado en una esquina de la calle como si estuviese dormido allí, no imaginó que fuera algo fuera de lo común que es justo lo mismo que pensé yo. Dijo que las personas que han tenido esa experiencia afirman que lo mejor es continuar y cruzar la calle, él siguió caminando y lo pasó por encima de las piernas, notó que su olor era horrible pero no era el olor de una persona, cuando le pasó por encima le empezó a gritar, como si gritara y ladrara al mismo tiempo.

Aquella figura volteó a verle, seguía emitiendo sonidos a lo que se le arrancó gritando y corriendo a cuatro patas hacia el guardia. Corría de verdad como si fuera un animal, no una persona que se impulsa con las piernas. No solo le persiguió por un tramo, sintió como le mordía las piernas. Al ver a una patrulla gritó, lo que le salvo sin lugar a dudas, de repente aquella cosa infernal trepó a cuatro patas por uno de los edificios del centro de México desvaneciendo su figura en la azotea escapando así de cualquier otra mirada que no fuera la del Guardia que nos contaba con los pelos de punta este relato sin lugar a dudas de horror.

El Maniquí. Leyenda de terror mexicana

Luego supe que muchas más personas como yo lo han visto, el olor lo delata la mayoría de veces. Si llegas a tener la mala suerte de ir por las calles del centro del ciudad de México solo y te lo encuentras, te recomiendo lo siguiente:

  • No lo miren, o los va a seguir.
  • Si lo ven o lo huelen a distancia, piensa dos veces si seguir, más vale regresarse y rodear por otro camino.
  • Si te ves obligado a continuar hacia su dirección, cámbiate de acera, nunca pases al lado suyo pues al parecer se lo toma como una ofensa.

No es sabido lo que les hace a los que no tienen la suerte de escaparse. Nosotros seguimos hablando durante un buen rato, y aunque nadie afirmó tener miedo, ninguno se quiso marchar de madrugada a su casa. Esperamos hablando hasta qué amaneció para salir por esas calles dirección a casa, aunque eso sí, con una perspectiva muy diferente de ellas ahora.

Leyenda de terror mexicana «la LLORANA»

  • Edad recomendada: Todos los públicos
  • Género: Leyendas de terror mexicanas
  • Autor: Daisy Calderon, en un relato enviado al portal inglés Legendsofamerica
La maldición de La Llorona” encabeza las taquillas de Estados Unidos - El  Vinotinto
La llorona. Leyendas de terror mexicanas

Mi historia de La Llorona se desarrolla en México. Cuando tenía ocho años cuando mi abuelita (abuela) me dijo que fuera a la tienda a comprar refrescos.

Esto fue durante la noche cuando nos preparábamos para cenar. Mi hermano y yo nos fuimos a la tienda y en el camino escuchamos un llanto pero no le prestamos mucha atención. Sin embargo, mientras continuamos vimos a una mujer joven que caminaba hacia nosotros. De repente mi hermano pequeño se echó a llorar y la mujer corrió hacia él, actuando como si fuera a atraparlo.

Cuando vimos que estaba flotando en lugar de caminar, comenzamos a correr de regreso a nuestra casa y les contamos a nuestra abuela y mamá lo que había sucedido. Simplemente cerramos la puerta y comenzamos a orar a Dios para que nos ayude y haga que La Llorona se vaya. Ahí fue donde me di cuenta de la realidad sobre estas leyendas de terror mexicanas .

RECOMENDACIONES ⤵️
  • Si te interesan las leyendas mexicanas de terror en formato video te recomiendo el canal Voces Anónimas de Youtube.
  • Si te apasionan los relatos de terror en formato Stroy Telling como los anteriores que acabas de leer te recomiendo visitar la historia de «PERDIDA«

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